Penelope llevaba varios meses sin pensar en el sexo, su relación con Juan (un amigo con
derecho a sexo) no estaba pasando por su mejor momento, y se mantenía ocupada con diversas actividades, como re-decorar la casa, o leer ese libro que le regalaron hacía unos meses...
Aun así, esa noche era distinta, no paraba de pensar en Juan, era un hombre atractivo de pelo moreno y labios carnosos, con unos profundos ojos castaños en los que solía perderse siempre que le miraba.
Pensaba en su cuerpo desnudo, en sus hombros y su ancha espalda, en su liso vientre, sus fuertes piernas y en su pene erecto.
Siente que su cuerpo se estremecia, estaba acariciando su cuerpo, imaginando que son las manos de su amante, le desea como nunca antes había deseado a un hombre.
El debía de sentir lo mismo porque, para sorpresa de Penelope, Juan llamó a su puerta esa misma noche.
No hicieron falta palabras, ambos sabían lo que sus cuerpos estaban pidiendo a gritos, así que se fundieron en un apasionado beso mientras sus manos, con sorprendente ligereza, iban despojando a sus cuerpos de su ropa...
Juan la acercó a su cuerpo y la abrazó, sintió sus pechos apretados contra su pecho, y la erección no se hizo esperar.
Acarició todo su cuerpo, pasó del cuello al pecho, sus labios no dejaban de besarse, entonces puso una mano en coño, estaba húmedo y caliente y eso le excitó aun más.
Separó sus labios y deslizo un dedo en su interior, Penelope gimió de placer, le deseaba, no podía ni quería esperar más, así que le tumbó en la cama, besó su cuerpo desnudo, acarició su pene con la lengua, le gustaba sentirlo dentro de su boca mientras el le pedía más y más.
Se sentó a horcajadas sobre él, y sintió como la penetraba, gimiendo de placer, sus manos no paraban de acariciarse, no podían parar de moverse, cada vez iban más rápido, entonces, él la agarró de las caderas, y con un rápido movimiento se puso encima de ella, esta le rodeo su cintura con las piernas mientras las embestidas eran cada vez más fuertes, se besaban como si no hubiera un mañana, entonces el no pudo más, y se corrió dentro de ella...
Ambos se miraron extenuados, volvieron a besarse, esta vez de una manera cálida y tranquila, y se quedaron así largo rato, sin hablar, solo mirándose y besándose, hasta que cayeron profundamente dormidos....
sábado, 8 de enero de 2011
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